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Mostrando entradas de agosto, 2026

¿Tengo hambre o mi cerebro aprendió que este es el momento de comer?

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Por: Ismael Perdomo. Pediatra y Epidemiólogo Serie: ¿Cómo se cambia realmente una conducta? — II En la primera columna de esta serie dejamos una idea clara: conocer lo que debemos hacer no garantiza que podamos hacerlo de manera sostenida. Para cambiar una conducta necesitamos descubrir qué la inicia. En alimentación, esa pregunta suele resumirse así:  ¿estoy comiendo porque tengo hambre o porque mi cerebro aprendió que este es el momento, el lugar o la emoción asociados con comer? El  hambre fisiológica  es una señal biológica. Aparece cuando el organismo necesita energía y está regulada por una compleja comunicación entre intestino, tejido adiposo, páncreas, nervio vago, tronco encefálico e hipotálamo. Hormonas y péptidos como ghrelina, GLP-1, PYY, CCK, insulina y leptina participan en este sistema. Durante una comida también aparecen señales de  saciación , que ayudan a detener la ingesta; después, la  saciedad  contribuye a mantenernos sin comer durante...

¿Por qué saber lo que debemos hacer no significa que podamos hacerlo?

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Por: Ismael Perdomo. Pediatra y Epidemiólogo Serie: ¿Cómo se cambia realmente una conducta? — I En nuestra serie anterior,  Placer, deseo y libertad: entre el cerebro y el Evangelio , analizamos por qué buscamos aquello que nos produce recompensa, cómo una conducta repetida puede convertirse en hábito y por qué dominio propio no significa dejar de sentir deseos, sino conservar la capacidad de decidir qué hacemos con ellos. Quedó entonces pendiente la pregunta más difícil:  ¿cómo se cambia realmente una conducta? En obesidad infantil llevamos años diciendo qué debe hacerse: mejorar la alimentación, aumentar la actividad física, dormir adecuadamente, reducir el sedentarismo y limitar determinados alimentos y bebidas. El problema es que  saber lo correcto no garantiza poder hacerlo de manera sostenida . Un adolescente puede conocer perfectamente que una bebida azucarada aporta calorías innecesarias y aun así tomarla diariamente. Un niño puede saber que debe apagar el videoju...

¿Toda laguna necesita un desagüe? Cómo encontrar placeres que no terminen gobernándonos

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Por: Ismael Perdomo. Pediatra y Epidemiólogo Serie: Placer, deseo y libertad: entre el cerebro y el Evangelio — V Hay una expresión popular que siempre me ha parecido útil para comprender la conducta humana:  “toda laguna necesita un desagüe” . Una laguna recibe agua continuamente; si no existe una salida adecuada, llegará un momento en que se desbordará. No es una ley de la neurociencia ni una enseñanza bíblica textual. Es una metáfora. Pero describe bien una realidad: las personas necesitamos formas saludables de procesar tensión, cansancio, deseo, tristeza, ansiedad, aburrimiento y necesidad de placer. Por eso, frente a una conducta problemática, muchas veces no basta con decir:  “deja de hacerlo” . Hay que preguntar primero:  ¿qué estaba haciendo esa conducta por la persona? Quizá proporcionaba placer. Pero también pudo estar disminuyendo ansiedad, combatiendo soledad, ofreciendo estimulación frente al aburrimiento, proporcionando reconocimiento, satisfaciendo una nec...